El caso Coldcard reabre el debate sobre la seguridad cripto

Opinión

Por Gabriel Campa, Head of Digital Assets de ikigii by Towerbank International Inc.

El reciente incidente de seguridad que afectó a usuarios de hardware wallets Coldcard volvió a colocar la seguridad cripto en el centro de la discusión. Galaxy Research confirmó con alta confianza el robo de 1.778,84 bitcoins, valuados entonces en aproximadamente US$112,7 millones, desde más de 8.600 direcciones.

La magnitud del episodio deja una lección que excede a un fabricante o a un tipo específico de billetera: la seguridad de los activos digitales no depende únicamente de la tecnología que el usuario elige, sino también de toda la arquitectura técnica, operativa y, cuando corresponde, jurídica que existe detrás de su custodia.

A medida que el ecosistema madura y atrae a más usuarios, esa distinción se vuelve cada vez más importante. La confianza ya no puede descansar solamente sobre la promesa de que una determinada tecnología es segura. También debe apoyarse en cómo fue implementada, qué controles existen y qué ocurre cuando alguno de esos controles falla.

Seguridad cripto: una hardware wallet tampoco elimina todos los riesgos

Durante años, buena parte de la discusión sobre custodia de activos digitales se estructuró alrededor de una serie de oposiciones simples: wallet fría versus wallet caliente, autocustodia versus custodia institucional, claves propias versus fondos depositados en una plataforma.

Son distinciones relevantes, pero resultan insuficientes.

Ningún modelo está libre de riesgos por definición. Cada alternativa traslada esos riesgos a lugares diferentes y exige mecanismos específicos para mitigarlos.

En el caso Coldcard, el problema no fue que los dispositivos estuvieran conectados permanentemente a internet. La propia compañía reconoció una falla vinculada con la generación de semillas en determinadas versiones de firmware y posteriormente publicó versiones corregidas y procedimientos de migración para los usuarios afectados.

El episodio demuestra que un activo puede estar protegido por una hardware wallet y, sin embargo, quedar expuesto si uno de los componentes fundamentales de la cadena de seguridad presenta una vulnerabilidad.

Por eso, la pregunta ya no debería ser únicamente qué tipo de wallet utiliza una persona.

La pregunta debería ser qué conjunto de controles protege realmente sus activos.

Autocustodia y custodia institucional enfrentan riesgos diferentes

La autocustodia entrega al usuario el control directo de sus claves privadas. Esa independencia reduce la exposición a determinados riesgos de contraparte, pero también transfiere al individuo responsabilidades importantes.

Debe generar y proteger correctamente sus claves, mantener respaldos seguros, administrar actualizaciones, evitar ataques de ingeniería social y contar con un procedimiento de recuperación ante contingencias.

La custodia institucional funciona de otra manera.

En ese modelo, el usuario delega parte de esas tareas en una organización y, a cambio, incorpora nuevos interrogantes: quién controla los activos, bajo qué estructura se mantienen, qué procedimientos internos existen, cómo se segregan las responsabilidades, qué contratos regulan la relación y qué ocurre ante un problema operativo o financiero del proveedor.

No se trata, por lo tanto, de afirmar que una modalidad es universalmente segura y la otra insegura.

Son arquitecturas de riesgo diferentes.

La seguridad también depende de controles, procesos y estructura jurídica

Cuando un usuario evalúa una solución de custodia, suele concentrarse primero en la tecnología. Pero la tecnología es solo una parte de la ecuación.

La calidad de la infraestructura también depende de los controles internos, la gestión de accesos, los procedimientos operativos, la gobernanza y, cuando existe un intermediario financiero, del marco contractual y regulatorio bajo el cual se presta el servicio.

El colapso de FTX convirtió esta cuestión en una preocupación central para la industria. No alcanzaba con que una plataforma funcionara correctamente desde la perspectiva del usuario. También importaba saber dónde estaban los activos, quién podía moverlos y qué controles impedían que se confundieran con otros recursos de la compañía.

Desde entonces, la custodia dejó de ser una cuestión exclusivamente técnica.

También es una cuestión de diseño institucional.

El modelo de custodia de ikigii y Towertrust

En el caso de ikigii, la estructura utilizada busca combinar servicios bancarios y activos digitales dentro de un esquema institucional.

De acuerdo con la documentación pública del servicio, los clientes que utilizan ikigii aceptan un Acuerdo de Custodia (Escrow) con Towerbank International Inc. y Towertrust Inc. El mismo acuerdo establece que Towertrust actúa como fiduciaria y recibe determinados activos en custodia para las operaciones contempladas por el servicio.

Towerbank figura entre las entidades con licencia bancaria general de la Superintendencia de Bancos de Panamá, mientras que Towertrust figura en el listado de entidades con licencia fiduciaria de ese mismo regulador.

Este tipo de estructura no elimina los riesgos inherentes a la custodia de activos digitales, pero agrega componentes contractuales, operativos y regulatorios que también deben formar parte del análisis de seguridad del usuario.

Ese es el punto relevante: la seguridad debe analizarse como un sistema completo y no únicamente como una característica del dispositivo o de la aplicación utilizada.

Qué debería evaluar un usuario antes de elegir una solución de custodia

La discusión posterior al incidente de Coldcard permite ampliar las preguntas que los usuarios deberían realizar antes de decidir cómo proteger sus activos.

No alcanza con saber si una wallet está conectada o desconectada de internet.

También importa comprender cómo se generan las claves, cómo se actualiza el software, quién puede acceder a los activos, qué mecanismos de recuperación existen, cómo se gestionan incidentes y, cuando existe una entidad custodiante, qué marco contractual y regulatorio respalda esa relación.

Gabriel Campa, Head of Digital Assets de ikigii by Towerbank

La sofisticación del ecosistema obliga a abandonar respuestas binarias.

Una hardware wallet puede presentar una vulnerabilidad. Una plataforma centralizada puede sufrir un ataque. Un proveedor institucional puede enfrentar problemas operativos. Y un usuario que practica autocustodia puede cometer errores irreversibles.

La seguridad real surge de reducir esos puntos de falla y construir capas de protección alrededor de ellos.

Qué significa este debate para América Latina

Esta discusión tiene una relevancia especial en América Latina, donde los activos digitales se utilizan no solamente como inversión, sino también como herramienta para dolarización, pagos internacionales, ahorro y transferencia de valor.

A medida que ese uso crece, la infraestructura que sostiene esos activos adquiere mayor importancia.

La adopción masiva no dependerá únicamente de que las aplicaciones sean fáciles de usar. También dependerá de que usuarios, empresas e instituciones puedan comprender qué ocurre con sus activos cuando algo sale mal.

Para la industria financiera regional, esto abre una etapa distinta.

Las fintech, bancos, exchanges y proveedores de infraestructura que quieran competir en activos digitales tendrán que demostrar algo más que velocidad de producto. Tendrán que demostrar controles, trazabilidad, resiliencia operativa y estructuras de custodia comprensibles.

La confianza ya no puede ser solamente una promesa de marca.

Debe poder verificarse.

La próxima etapa de los activos digitales se jugará en la infraestructura

El caso Coldcard no demuestra que las hardware wallets hayan dejado de ser útiles ni que la custodia institucional sea automáticamente superior.

Demuestra algo más relevante: ninguna tecnología puede evaluarse aislada del sistema que la rodea.

La próxima etapa de adopción de activos digitales estará marcada no solamente por nuevas blockchains, wallets o productos financieros, sino por la capacidad de construir infraestructuras que puedan responder cuando una de sus capas falle.

El mercado probablemente dejará de preguntar solamente dónde están guardados los activos.

Empezará a preguntar quién los protege, mediante qué controles, bajo qué reglas y qué ocurre cuando aparece una contingencia.

Esa evolución será determinante para construir una industria de activos digitales más madura.

Preguntas frecuentes sobre seguridad cripto y custodia

¿El incidente de Coldcard significa que las hardware wallets no son seguras?

No. El episodio afectó determinadas versiones y condiciones vinculadas con la generación de semillas. Una hardware wallet continúa siendo una herramienta válida, pero su seguridad depende de la implementación, el firmware y los procedimientos utilizados.

¿Es más segura la autocustodia o la custodia institucional?

No existe una respuesta universal. La autocustodia reduce determinados riesgos de contraparte, pero transfiere responsabilidades al usuario. La custodia institucional incorpora controles y servicios adicionales, aunque también introduce riesgos asociados al proveedor.

¿Qué debería revisar un usuario antes de elegir dónde custodiar sus criptoactivos?

Debería evaluar cómo se generan y protegen las claves, los mecanismos de recuperación, las políticas de actualización y seguridad y, en soluciones institucionales, quién custodia los activos, qué contratos existen y bajo qué marco regulatorio opera el servicio.